La cámara fotográfica es una suerte de tercer ojo que obliga al fotógrafo a mirar, se ha dicho. Y es en ese acto condicionado que lo ordinario se vuelve extraordinario. Se trata de un matrimonio in-voluntario entre la retina y el lente de la cámara donde el clic cogela una imagen, y la eterniza. Lionel Arteaga es uno de esos fotógrafos en los que apretar el obturador se converte en la necesidad de trascender lo cotidiano para invitar al espectador a recordar la misma imagen que observa en el papel, o en la pantalla, si se diera el caso.
En esta serie de imágenes, con las que abrimos el portafolio "El mundo del ojo". Arteaga fija su mirada en el pueblo de Pampatar, del Estado Nueva Esparta, Venezuela, y recoge al "azar" momentos que se transforman en la suma de gestos, tesituras, texturas, y atmósferas que llegan a conmovernos y que le permiten al fotógrafo cumplir uno de sus propósitos al menos en esta serie, como es el de irse "a tiempos anteriores, más simples".
Pareciera que Lionel se complace en invitarnos a calzar el ojo en las variables que se nos presentan cuando nos enfrentamos al teatro que se desarrolla en el ámbito de lo íntimo y de lo urbano. Aquí, la mirada particular de un hombre que apunta esa máquina monstruosa y mágicaque esl a cámara fotográfica, con la que intenta atrapar almas y arquitecturas, humanas y materiales. Lo logra, para alegría de todos.