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Cuándo saber que
un texto está, verdaderamente, mal!
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Jesus Nieves Montero
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No creo que pase un instante sin que quienes enseñamos escritura creativa nos preguntemos: ¿realmente estamos utilizando criterios objetivos al enseñar y corregir? ¿O será que nos estamos creyendo la mayor y más cruel de las ficciones al momento de considerar que realmente existen parámetros firmes para este tipo de análisis?
Aún así, creo que, en principio debemos considerar lo siguiente: para poder pensar que es posible enseñar y aprender escritura hay que estar convencido de que existen dos componentes en el hecho de escribir: uno que es innato, creativo, etéreo, inasible; y otro que es artesanal, que se adquiere por práctica, reflexión y revisión de la teoría.
Entonces, después de analizar los escritos de antiguos compañeros de talleres literarios, de los alumnos menos aventajados de los diversos cursos que tenemos a nuestro cargo, nos aventuramos a decir que si bien no podemos hacer una lista exhaustiva, sin duda podemos tener algunas evidencias de cuando un texto está, verdaderamente, mal, y es lo que nos proponemos.
Por ejemplo, un texto no anda bien si, después de leerlo, uno no puede definir el tema. Uno de los grandes problemas de los textos que debemos corregir cotidianamente es que no se enfocan en ninguno de los asuntos que tocan sino que divagan sin cesar por líneas y más líneas en una maraña de ideas y, al final, sólo queda la misma sensación del mareo después de un paseo en montaña rusa. Nada de emoción, nada de estímulo al intelecto, sólo aturdimiento.
También un texto va por mal camino si está lleno de imprecisiones. Si hablamos de mucha gente, algunas personas, casi siempre, algunos opinan, entre otras frases, probablemente estemos condenados a la ambigüedad y al poco significado: o no dominamos el tema o no sabemos cómo introducir la información más relevante. En definitiva, no decimos nada que agregue valor al lector y el texto causa total indiferencia.
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Jesus Nieves Montero (Caracas 1977)
Narrador, ensayista y profesor de escritura creativa. Autor de varios libros de cuentos, entre ellos Juegos de perdón ganador del Premio de Literatura Latinoamericana Pegaso Ediciones Argentina , y las novelas cortas Ultimos juegos y Pies de Barro. Sus cuentos y ensayos han sido publicados en las revistas Papel Literario (Diario El Nacional, Caracas), Letra en ruta (Universidad de Princeton, U.S.A.) y en Barcelona Review (España). jnievesmontero@gmail.com |
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Una mención merecen los lugares comunes. Quien pinta muchachos que corren como gacelas, chicas de ojos negros como el azabache, piensa que puede haber escasez del vital líquido o teme el tenebroso frío de la blanca nieve o la tensión que se puede cortar con un cuchillo, está perdiendo una oportunidad de expresarse, al escudarse en estas frases hechas que arruinan el potencial de comunicación del texto y lo convierten en una pieza olvidable.
Un texto plagado de incorrecciones en el uso del lenguaje es, sin duda, un texto deficiente. Cada vez que un acento falta, que la concordancia de género o número falla, que el verbo está mal conjugado o que la sintaxis es confusa, el lector despierta del sueño vívido y continuo que debe ser el texto y comienza a distraerse con estos defectos, se pregunta si tiene algún sentido y lo hemos perdido para la causa de ser receptores de nuestro mensaje.
Finalmente, el melodrama es un enemigo del texto. Todos tenemos o hemos tenido abuelitas consentidoras, juegos de béisbol en la infancia, perros fieles y leales, madres protectoras, pero no basta su mera evocación para lograr una conexión emocional con el lector. Siempre hay que describir, hay que darle vida a estos personajes, explicar las cadenas causales, la trascendencia que los rasgos de su personalidad tuvieron en nuestra vida, no limitarnos a crear un embelesado inventario de características que apenas nos permiten ver a un escritor novato con la idea de saldar cuentas con su pasado, como si estuviera embarcado en una terapia de libro barato de autoayuda.

Lamentamos profundamente que algunas personas se hayan sentido aludidas, sin embargo, lo hemos dicho: no es una lista integral de todos los defectos pero, después de más de doce años escribiendo y ocho enseñando escritura creativa, estamos convencidos de que si presenta algunos de estos rasgos, por más que le pese a su autor, el texto es débil, y en lugar de ser un vehículo para la eternidad y la memoria de los lectores, no será más que palabrería triste que nunca debieron haber sido puesta en papel.
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